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Forma Ver 1.0

La dictadura del mercado plantea escondida, casi como una hija dolida, la separación gradual de la arquitectura del mundo del diseño. Es un hecho, divide y reinaras. La velocidad de vida actual hace que a decisiones rápidas las especialidades sean cada vez mayores, desligando los actos artesanos y racionales de soluciones por las soluciones fast food.
En el mundo donde la practicidad científica desarrolló técnicas constructivas bajo soluciones mecánicamente técnicas, el arte, el arquitecto y cualquier agregado aparentemente superfluo a los costos es desechado rápidamente por el capitalismo. La idea del valor agregado que tan fielmente es utilizada para exaltar el mundo consumista es abortada por el groso de la sociedad, cada vez menos culta, quedando subordinada la arquitectura de maestros a las clases culturalmente adineradas, ya sean organismos gubernamentales o privados que conocen y entienden el poder de estas herramientas. Por que contratar a un arquitecto si Don Pepe, el de la esquina, me construye la casa rapidito y a mitad de precio. La vinculación sistemática y fría de arte con belleza ha desplazado la solución arquitectónica a un derroche de plata prevenible, desligando al arquitecto de la actividad. El arquitecto es mirado por el común de la sociedad como aquel gasto innecesario del que se puede prescindir.
La cultivación de la imagen, la necesidad de estereotipar a la sociedad hacen que los individuos no se diferencien entre si. Todos necesitan de las formas para darse identidad, aunque esta identidad no sea propia sino colectiva. Hoy toda persona que tiene unos billetes guardados desea comprarse su casita “de” (y no con) techos de teja con pórtico en un contry sin faltar por supuesto la 4 x 4. Las publicidades de hoy en día plantean que para diferenciarse hay que tener un celular, pero con una musiquita diferente.
Es aquí donde falla el arquitecto. Es aquí donde la arquitectura no sabe describir el poder de la forma por sobre la identidad de las personas. Vivimos pendientes de nuestro pelo, de la ropa, si estamos gordos, pelados, si somos rubios, negros, etc; y los arquitectos, colegiados, profesionales, no somos capaces de avivar a la gente de que una forma personal en su vivienda, en su hábitat, puede resaltar y elevar el estatus y el confort personal. Habitar un lugar impersonal es un acto estresante. Llegar al lugar de descanso diario en el que nos desenchufamos de la vida y nos sentirnos cobijados puede transformarse un una complejidad. Necesitamos, desde el momento de la habitalidad de las cavernas, diseñar nuestro entorno para que este sea una extensión de nuestro ser.

Si tan solo tomáramos las primeras charlas, en las cuales estamos mas interesados en que cierre el presupuesto y que el cliente nos firme la propuesta de Honorarios, tal vez podríamos interesarnos más en la esencia del pedido del cliente y así saciar su necesidad abriéndole el abanico de tipologías con las que podría sentirse cobijado. Nos asustamos frente a la primera negativa, cuando nos ponen cara rara al mostrarles esas “casas cuadradas” ya que sin el cliente no hay plata. Hay que encausarse en ese momento en abrir la mente del cliente, tanto como la abrimos nosotros al volcarnos a esta profesión (no nos olvidemos que de chicos pintábamos casitas con techos inclinados y chimeneas humeantes y sin dudas no sabíamos de la existencia del Banco de Londres). Es nuestro deber como profesionales, el no “si clientelismo” facil, ya que estamos para llevar al cliente a un mundo profesional al que seguramente ignora.

Un arquitecto contaba una vez que un cliente quería que su casa no pasara desapercibida, siendo este su mayor preocupación al momento de hacer mantenimiento en su casa. El arquitecto lo que le propuso era pintar su casa exteriormente de un color roza muerto, apagado. Este efecto provocó que las personas que pasaban por el lugar se detuvieran a mirar la casa y comentaran entre si su opinión. El cliente le confeso al arquitecto, que había escuchado todo tipo de comentarios, que era lindo color, que era feo, que era una casa de trolos, etc. Así, tan solo un cambio de color, que es una forma de persuasión provoca la tan anhelada cualidad que el cliente quería.
El hombre vulgarmente tiende a asustarse frente a todo cambio, a toda novedad que altere en un grado su pequeño mundo predecible.
El arquitecto deberá someter el estudio de su proyecto a la forma del terreno a su ubicación y a las necesidades del futuro propietario. Estas sin duda darán una forma a priori, la cual deberá ser encausada por la funcionalidad del programa. Pero no es menos importante que estos ambientes que creamos, que posiblemente sean los únicos que habiten estas personas el resto de sus vidas estén configurados por la forma que surja de la esencia personal del cliente. La forma pude ser una daga mortal o buena salud mental. Es el arquitecto el que guía al espacio a solidificarse en envolvente (muros, techos, etc) y esto no debe hacerse inconciente y vagamente. La intuición es la madre de la ciencia. La teoría es la afirmación programada de que la intuición pasa a ser un saber, con posibilidades de repetirse y perfeccionarse cuantas veces sea necesario con el fin de satisfacer una necesidad. La forma escapa a toda convención y movimiento. Es independiente e intuitiva.
La arquitectura se encarga de satisfacer necesidades. De la función de estas actividades surge indefectiblemente una forma a priori, variada y deliberada por la finita mente de quien lo proyecta. A su vez la arquitectura es un arte, en la cual el Arq. no solo ve en si la función sino también la escultura, la historia, el individuo, el contexto, la implantación y el universo. Los espacios habitados por seres sensibles desde el comienzo han sido amoldados al cobijo personal, decorándolos, dándoles confort, etc; con la finalidad de satisfacer la insaciable e infinita expresión psicológica del sujeto por medio de la imagen. Esa imagen, esa forma, tiene tantas leyes como individuos exista en el mundo y en la historia, multiplicada por la inestabilidad emocional y formal del ser humano.
El arquitecto dará forma a las aspiraciones del futuro propietario que se esbozan incompletas en su cerebro. El profesional debe compenetrarse de las necesidades del cliente, y con los datos suministrados por él puede preparar un proyecto que concuerde con esas necesidades, que a menudo son privativas de cada individuo.
Debemos considerar a las cualidades estéticas de las cosas en relación con el sentimiento humano. Una mala arquitectura es una mala inversión del capital, pues lógicamente, de los objetos que se nos ofrecen escogeremos sin duda el más bello (siendo la belleza un acto netamente individual).



“Arquitectura es una cosa de arte, un fenómeno de emociones que queda fuera y más allá de las cuestiones constructivas. El propósito de la construcción es mantener las cosas juntas y el de la Arquitectura es deleitarnos."..."Arquitectura es una cuestión de armonías, una pura creación del espíritu, empleando piedra, madera, hormigón, se construyen casas, palacios; eso es construcción: el ingenio trabajando; pero en un instante tocas mi corazón, me haces bien, me siento feliz y digo: esto es hermoso, esto es Arquitectura, el arte entra en mi.”
LE CORBUSIER

 

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